
Sólo quiero que me beses las heridas poco a poco, sin hacer ruido alguno, que lamas mis penas más profundas y eternas y que exprimas las horas que restan nuestra suma. Sólo anhelo que le cuentes un cuento a mi nariz las veces que hagan falta, que bebas mis manos siempre que tengas sed, que roces mi mirada perdida con tus labios…Aliméntate de mis huesos, de cada poro de mi piel cuando precises de ello; sumérgete en las olas que emergen del perfume de mi pelo, de cada rincón mágico y secreto. Únicamente te pido que anheles la melancolía absurda y utópica del momento, que mates a la nostalgia inapetente e insulsa, que me abraces hasta la última pestaña y muerdas todos mis sentidos (incluso el sexto). Dórame bajo tu sol, acuéstate junto a mis manos y crea noches irreversibles, contagiando, así, la risa a mis pies, dándoles calor y guardándolos en tus recuerdos. No te olvides de hipnotizar cada uno de los lunares que conforman mi espalda y de manejar, cuidadosamente, mi frágil columna. Asciende, siempre que puedas, por el filo de mis cejas y prolonga los silencios en mi vientre cuando tararees una canción. Duérmete una vida, pero a mi lado, en mi hombro. Estoy aquí.


