miércoles, 12 de noviembre de 2008

efervescencia ocasional


Y te besé la espalda. Me puse cerca, muy cerca para oír tu respiración, para sentir que era parte de ti en ese efímero instante. Entonces lo hice, lo hice de nuevo. Volví a envolverme de tu perfume, de las notas que forman el pentagrama de tu rincón más secreto, de cada uno de tus lunares. Y ocurrió. Los azules se tornaron más oscuros, las intensidades variaron de sentido, las mezclas resultaron ser mucho más profundas y dulces… Las miradas fueron anudadas y la efervescencia ocasional atenuó su paso firme y constante. Y, más tarde, te besé la espalda. Me puse cerca, muy cerca para terminar lo que en un principio habíamos comenzado y me desvanecí entre la oscuridad vigente de aquella extraña y polvorienta habitación para pasar a ser sólo un recuerdo.

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